Para
llegar a Liébana desde el norte es preciso tomar
la carretera que nace en Unquera y discurre paralela al río
Deva ofreciendo, desde su comienzo, un atractivo paisaje
que parece querer anunciar progresivamente la grandeza de
los Picos de Europa, su destino final.
Teniendo a la vista las trasparentes aguas del Deva, el primer
tramo del recorrido finaliza cuando, después de pasar
por Panes, en territorio asturiano, se entra de nuevo en
Cantabria. A partir de ese momento, lo que hasta entonces
es un valle más o menos amplio se transforma en un
angosto desfiladero de roca caliza con murallones casi verticales,
cuyas paredes llegan a alcanzar los 600 metros de altura.
Es el llamado desfiladero o garganta de la Hermida, del que
Benito Pérez Galdós decía: "Llaman
a esto gargantas; debiera llamársele el esófago
de la Hermida, porque al pasarlo se siente uno tragado por
la tierra".
Antes de llegar al pueblo de La Hermida, y desde Urdón,
es posible llegar a Tresviso, el municipio de más
difícil acceso de Cantabria; famoso por su queso picón
que, elaborado artesanalmente, se cura en cuevas y compite
con el mejor de Cabrales. Al igual que puede hacerlo el picón
de Beges, pueblecito encantador, rodeado de altas montañas,
al que se accede desde el mismo pueblo de La Hermida, esta
vez por carretera, a diferencia de Tresviso, al que se accede
tras una esforzada caminata, ya que por carretera solo se
comunica con Sotres, Asturias.
La Hermida cuenta con el Balneario de aguas termales más
calientes de Cantabria -más de 60 grados centígrados-
cuya galería de baños fue construida en 1900.
Durante décadas el balneario permaneció cerrado,
habiendo sido restaurado recientemente y puesto de nuevo
en funcionamiento.
Poco antes de salir definitivamente del desfiladero, a la
izquierda de la carretera, está el pueblo de Lebeña,
donde se encuentra esa joya del arte mozárabe que
es la iglesia de Santa María de Lebeña. Fundada
según la leyenda, por el conde Alfonso de Liébana
y su mujer, Justa, en el año 925. Lo que sí debe
considerarse como cierto es que el edificio data del siglo
X y que, desde el punto de vista de la historia de la arquitectura,
es una de las obras más importantes de toda Cantabria.
Se debe ello a que en Santa María aparecen por primera
vez en la Península algunos elementos constructivos,
como el pilar compuesto, que caracterizarán el futuro
románico. Destacan, también, la articulada
disposición volumétrica de sus distintos cuerpos,
los característicos arcos de herradura del estilo
mozárabe, y las tareas de labra de los capiteles y
de los modillones que sustentan los aleros del tejado.
Tanto el pórtico como la torre son un añadido
del siglo XIX y por ello carecen de interés. Una curiosidad:
junto a la iglesia está plantado un tejo que es probable
que haya vivido un millar de años, ya que en la antigüedad
era costumbre, al terminar una construcción, plantar
junto a ella un árbol de esta especie. El tejo se
secó, ya en este siglo. El tejo se caracteriza por
ser una especie longeva y que dispone de árboles machos
y árboles hembras y fue considerado por los cántabros
como un árbol mágico; posiblemente con el difundido
y dual simbolismo de la vida y la muerte, ya que según
varios autores latinos, entre ellos Plinio, los cántabros
se suicidaban o ponían fin a la vida de sus ancianos
incapaces para el combate con el veneno que puede extraerse
de las yemas tiernas de este árbol.
Apenas se sale del desfiladero de La Hermida, los pueblos
de Liébana comienzan a sucederse. Así aparece
Castro-Cillórigo, que cuenta con un museo Etnográfico
debido a una iniciativa privada; Colio, en donde a comienzos
del siglo XIX hubo una Academia de Caballería; Tama
con su ermita gótica de Santa Eulalia y con el Centro
de Visitantes de Sotama, museo explicativo de los Picos de
Europa, su flora, fauna y formas de vida y Ojedo, que celebra
en agosto su popular romería
de San Tirso.