El Monasterio y Santuario de Santo Toribio
se encuentra muy cerca de Potes en la ladera del monte de
la Viorna y, según
la tradición,
guarda como preciada reliquia el mayor trozo de la Vera Cruz,
madero en el que fue crucificado Cristo.
El monasterio lo fundó, en el siglo VI, santo Toribio
de Palencia, quien llegó a estas tierras como misionero
evangelizador y puso su fundación bajo la advocación
de San Martín de Turieno. Dos siglos más tarde,
y coincidiendo con la repoblación de Liébana,
el monasterio vivió una época de auge al colocarse
bajo su tutela muchas de las poblaciones recién instaladas
en la región. Es entonces cuando vive en el monasterio
el monje Beato de Liébana y aquí donde escribió,
hacia el 776, sus famosísimos "Comentarios al
Apocalipsis", cuyas copias realizadas en diversos monasterios
y bellamente ilustradas son conocidas en todo el mundo simplemente
como los "Beatos". También desde aquí,
el Beato de Liébana mantuvo con el obispo Elipando
de Toledo sus disputas teológicas. Es muy probable
que fuera durante este mismo siglo VIII cuando llegó al
monasterio la reliquia de la Vera Cruz. Según la tradición, ésta
había sido traída, en el siglo V, desde Jerusalén
hasta Astorga por su obispo Toribio, pero la ocupación
islámica de las tierras meseteñas debió de
aconsejar el traslado de la reliquia a las tierras de Liébana,
resguardadas entre sus altas cumbres. Hay quien opina que
la reliquia no llegó a Liébana hasta finales
del siglo IX o comienzos del X, cuando se trasladaron al
monasterio los restos mortales de Santo Toribio, el obispo
de Astorga, frecuentemente confundido con el Toribio, de
Palencia, fundador del original núcleo monacal.
A mediados del siglo XIII se inició la construcción
de la iglesia actual, cuyas obras no finalizarían
hasta el XV. Durante estos siglos comienza la gran fama del
monasterio y su reliquia, lo que supuso que miles de peregrinos
llegaran al lugar, con frecuencia, en busca de milagrosas
curaciones que, naturalmente, se atribuían al Lignum
Crucis (madero de la cruz). Esa fama curativa de la reliquia
parece que se concretó, a partir del siglo XVI, en
los casos de enfermos mentales y endemoniados. En esa época
el monasterio guardaba una cadena que, según se decía,
habría sido empleada en el martirio de Cristo y cuando
un poseído entraba en contacto con las dos reliquias,
cadena y madero, se producía el exorcismo curativo.
En el siglo XVII el monasterio fue ampliado y a instancias
del arzobispo de Santa Fe de Bogotá, Francisco de
Otero y Cossío, natural del pueblo de Turieno, se
levantó, junto a la iglesia gótica, la capilla
barroca que guarda el Lignum Crucis.
En 1957 se inició una restauración del monasterio;
en 1961 éste pasó a depender de la orden de
los franciscanos y en 1967 la Santa Sede concedió que
la tradicional semana jubilar, que venía celebrándose
desde 1512 los años en que la fiesta de Santo Toribio
coincidía en domingo, se ampliara a la categoría
de año jubilar.
De las construcciones que configuran el actual monasterio
de Santo Toribio de Liébana, tan solo merecen cierta
atención la iglesia y la capilla del Lignum Crucis.
La iglesia, cuya construcción se inició en
1265, se levantó sobre los restos de un cenobio anterior,
probablemente mozárabe. Es una obra de traza gótica
sencilla que ha sufrido varias restauraciones. En el exterior,
lo más destacable son las dos puertas del muro sur;
de ellas, la más pequeña, que es también
la más antigua, es conocida como puerta del Perdón
y tan solo se abre en los años de jubileo. La capilla
del Lignum Crucis es una obra barroca en la que sobresale
la bella cúpula octogonal y el templete que cobija
la cruz de plata en la que se guardan los dos trozos de madera,
de 63 y 39 centímetros respectivamente, que configuran
la reliquia de la Vera Cruz.
En torno al monasterio y diseminadas por el monte de la Viorna
se encuentran los restos de numerosas ermitas que dependieron
del primitivo cenobio. La llamada Cueva Santa es obra prerrománica
y semirrupestre, donde se dice que oraba santo Toribio; la
ermita de Santa Catalina dispone de una pequeña espadaña
románica de finales del siglo XII; y desde la de San
Miguel, que se localiza al norte del monasterio, se puede
contemplar una de las mejores panorámicas del macizo
oriental de los Picos de Europa.